¿Viajar en Pandemia?

 



Quiero comenzar aclarando que este post no te dará una respuesta definitiva a si deberías viajar o no en pandemia. Creo que esta es una decisión rotundamente personal, y que no es posible tener un "clear cut" si o no como respuesta porque las razones por las cuales cada quien puede llegar al punto de preguntarse esto son bastante personales.


Pero, si intentaré proveer una pequeña reflexión de varios aspectos detrás de esta pregunta que yo misma he tenido que navegar a lo largo de este año cuando no uno, ni dos, sino tres viajes que ya tenía planeados poco a poco tuvieron que ir siendo cancelados.


En primer lugar, creo que un buen punto de partida para cualquier tipo de decisión que estés tomando en tu vida es, ¿por qué quiero hacer esto? La respuesta va a variar, por supuesto, de individuo en individuo y serás tú quien tendrá que evaluar qué tanto peso tiene tu razón.


Hace aproximadamente un mes tuve que hacerme esa pregunta, y con mucha tristeza tuve que responderme a mi misma, "no, no es lo suficientemente válida."


Desde que soy muy pequeña he tenido una fascinación intensa con México, su cultura, su gente, su humor, su historia, TODO. Yo crecí en El Salvador, y en realidad creo que dicha fascinación se fue fomentando por la indudable influencia que el entretenimiento Mexicano tuvo en mi vida, ya que fui ávida consumidora de telenovelas y programas como Bailando por un Sueño o La Academia. Pero, por alguna razón, a pesar de consumir contenido y gastronomía Mexicana, nunca he podido visitar este país.


Entonces, al principio de este año, en una fría tarde de invierno Canadiense, decidí que este sería el año para hacerlo. En un break de almuerzo, abrí google flights por curiosidad, ya saben... "para ver." Y descrubrí que los boletos alrededor de la fecha de mi cumpleaños estaban en $200. Sin titubear, lo reservé (cruzando los dedos de manos y pies que me aprobaran los días en el trabajo) para la fecha de mi cumpleaños. Y, como tengo la dicha de cumplir el mismo día que mi mamá, le escribí para avisarle que nos íbamos a México de cumpleaños.


Por la distancia, casi nunca celebramos nuestro cumpleaños juntas. Pero este año iba a ser diferente - y pues, al final si lo fue, pero definitivamente no de la manera que esperaba. Desde ese momento comencé a soñar con ese momento en el que estaríamos sentadas, tomandonos un mezcal en la Plaza Garibaldi, cantando uno de los éxitos del Potrillo a todo pulmón, o que estuvieramos recorriendo el Museo de Bellas Artes, o tomándonos fotos frente al Ángel de la Independencia.


Incluso cuando llegó la pandemia, y todos tuvimos que quedarnos en casa, mi esperanza de cumplir mi viaje soñado no titubeó, porque ese era el momento en el que ingenuamente pensábamos que solo serían tres semanas, ¿lo recuerdan? Qué lindos e inocentes fuimos.


A medida la crisis se fue alargando y empeorando, y las restricciones seguían activas, la posibilidad de poder ir se veía cada vez más lejana. Lo discutimos día y noche con mi mamá, y decidimos ir, pero así un poco inseguras.


Reservé el hotel y decidimos que iríamos pero con muchísimo cuidado. Esto significaba que probablemente no habrían canciones con los mariachis, ni tacos al pastor callejeros. Sin embargo, había un pequeño sentir que no nos dejaba en paz. Decidimos ponerlo en las manos de Dios, y sure enough, la aerolínea no tardó ni 24 hrs. después de nuestra oración en notificarme que los vuelos habían sido cancelados. Fue la respuesta concreta y clara que necesitábamos, y aunque nos dió mucha tristeza abandonar esa ilusión, supimos que era lo mejor.


No digo que no es válido viajar por turismo en estas fechas, pero cuando tuvimos que sopesar el por qué de nuestro viaje, no se nos hizo que valía la pena el riesgo lo suficiente como para aferrarnos a hacer un viaje que de por sí no iba a ser ni la sombra de lo que posiblemente esperabamos.


Cuento esto porque es posible que para ti sí, un viaje de turismo valga la pena por salud mental, para aliviar un poco el estrés, por lo que sea, y no me parece mal. Pero, no te olvides de prestarle un poco de atención a tu consciencia y si no sienta muy bien la idea, no tengas miedo de posponerla. Tengo fe en que pronto podremos cumplir estos sueños de volver a viajar y conocer más lugares, pero por hoy, es posible que algunos de estos viajes no sean los más convenientes.

En segundo lugar, considera el riesgo en el que te pones a ti mismo y pones a los demás. Admito, con un poco de vergüenza, que mientras buscaba información sobre el estado de la pandemia en México, pensé primordialmente en qué tan riesgoso sería para mi mamá y para mi ir. Sin embargo, un día me encontré con un post como este que invitaba a la reflexión sobre cómo el yo ir podía poner en riesgo a los habitantes de mi destino.


Fue un momento muy confrontante porque no me había detenido a pensar en el impacto negativo que podía tener mi llegada a un país ajeno, con una infraestructura de salud deficiente en mucho aspectos (como en toda Latinoamérica). Principalmente me había enfocado en, ¿qué si yo o mi mamá nos infectamos allá?, pero no me había detenido en la pregunta, ¿qué si infecto yo a alguien allá?


Por supuesto que por la naturaleza misma de una pandemia global, cualquier persona puede infectarse allá sin que yo vaya, y yo puedo infectarme acá sin siquiera poner un pie en un avión. Los últimos meses nos han demostrado que nadie está exento, vivas adonde vivas. Pero, después de leer esta reflexión, si recobré ese sentido de responsabilidad social y empatía que de alguna forma, con la fatiga de mes tras mes de restricciones, a veces es fácil perder de vista.


En tercer lugar, considera las políticas y restricciones de tus autoridades locales. En verdad, quizá pude haber puesto esta razón de primero, pero la razón por la que la he puesto de tercero es porque ya no quedan muchos países que estén completamente cerrados. De una forma u otra, todos están permitiendo algún nivel de flujo de personas, así sea con ciertas restricciones. Obviamente si todos los puntos de entrada de tu país están cerrados, pues ni siquiera hay lugar para hacerte esta pregunta. Pero, si hay alguna área gris, alguna ambivalencia, o algún espacio para que el viajar quede a discreción de cada persona en las restricciones locales de donde vives, entonces tu punto de partida será otro: ¿debería?


Creo que despues de tomar estos aspectos en cuenta, y una vez tomada tu decisión, recuerda dos cosas claves:


1. Las precauciones siguen vigentes, sea cual sea tu decisión: Si decides viajar, recuerda que no es una vacación de la pandemia. Seguramente si te ayudará a relajarte, cambiar de ambiente, etc. pero no es una excusa para relajar la consciencia de que es importante cuidarse a uno mismo y a los demás con los que interactuaras directa o indirectamente. Es decir, planea todos tus movimientos desde que salgas de tu casa, hasta que llegues a tu destino y luego qué harás al llegar. Entiendo que esto es estresante, y le añade una capa al ya estresante proceso de volar (al menos lo es para mi). En mi caso, mientras escribo esto, estoy preparandome para tomar unos días para visitar a mi familia.


Pero tomando en cuenta su seguridad y la mia, llevo un poco más de dos semanas auto-sometiendome a una cuarentena para asegurarme de minimizar cualquier riesgo. Adicionalmente, llevo semanas preparando mi logística desde el momento que ponga un pie afuera de mi casa en Vancouver, hasta que pueda llegar a bañarme en mi casa en El Salvador. He contemplado posibles cambios de mascarilla, de ser necesarios. He contemplado cambio de ropa al bajarme del avión en El Salvador, y esto ha incluido empacar un par de bolsas plásticas y un maletín de tela para meter esa ropa al cambiarme, para asegurarme que no toque a nadie ni los asientos del carro. Esto ha significado comprar un buen supply de antibacterial, toallas lysol portátiles, entre otra indumentaria para asegurarme que estoy cubriéndome (y a los míos) de la mejor manera posible. Incluso hemos discutido ya cómo será nuestra interacción y planes al estar yo allá, para igual seguirnos cuidando en casa mutuamente. Puede sonar "extra" y extenuante, pero no quisiera verme en un futuro diciendo, "si tan solo..." y es un precio muy bajo que pagar por ver a mi familia. Y, por supuesto aún así, todos debemos sopesar que asi sea 0.01% de riesgo, este todavía existe.


Y, ya sea que decidan viajar o no, recuérdense que las directrices principales - no tocarse la cara, lavarse las manos, y mantener distancia - siguen siendo las mismas y teniendo la misma importancia estés donde estés.


2. Ya sea que viajes o no, recuerda siempre agradecer: Una de las lecciones más importantes, creo, de este año ha sido la importancia de agradecer. Es difícil verlo, pero si estás leyendo estás palabras ya tienes por lo menos unas sólidas 4-5 razones para dar gracias. Se me hizo bastante difícil agradecer cancelar mi vuelo a Mexico, o a El Salvador en Mayo a conocer a mi sobrino, pero cuando la línea aérea me envió esa notificación de cancelación, puedo decirles con una mano en el corazón le di gracias a Dios por darnos una respuesta tan clara, y por protejernos de algo que pudiera haber pasado.


Cuando las cosas no se dan como planeamos es fácil frustrarse y renegar. Pero, el hecho que Dios es omnisciente, significa que Él no solo sabe lo que ha pasado, está pasando y pasará, si no también conoce qué hubiera o pudiera pasar. Por lo tanto, cuando algo no se dé, agradece y confía que Dios conoce el por qué. Descansa en Su protección. }

Al mismo tiempo, de ser posible, haz lo mejor de la situación. Si tu estado o ciudad aún te permite hacer algún tipo de turismo interno, ¡aprovechalo! Sal de tu zona de confort y quizá sea la oportunidad perfecta para probar algo nuevo. Este verano fue el primero en el que me aventuré a tomarme dos vacaciones sola adentro de la provincia donde vivo, British Columbia, y honestamente fue alucinante.


Disfruté de unas vistas maravillosas, me consentí un poquito con comida deliciosa, descansé muchísimo, escribí, leí y hasta fui en hikes. Estos son destinos que otras personas en el mundo pagan miles de dólares por visitar, y yo teniéndolos a dos horas de distancia, los he disfrutado muy poco porque siempre estoy pensando en pasear afuera de acá. Pero, haber tenido ciertas restricciones para volar a otro país, me permitió salirme de mi zona de confort, buscar como hacer lo mejor de la situación, y disfrutar un poco el lugar en el que Dios me ha permitido estar por ahora, verlo con nuevos ojos y renovar mi amor y gratitud por esta ciudad.


Por otro lado si logras viajar, recuerda agradecer el poderlo hacer. Miles de personas están atados de manos y pies, y por una razón u otra no pueden hacerlo. Recuerda que viajar, por más que queramos verlo así, no es un derecho que tenemos.


Hablando políticamente, cada estado es un ente soberano que puede abrir y cerrar sus fronteras como mejor estime. Incluso fuera de pandemia, hay muchos que tienen el movimiento restringido, a vecer por llevar un cierto pasaporte o por represión gubernamental. Por lo tanto, el ser recibidos en a otro país y ciudad es una bendición que no debemos dar por sentado.


Hablando espiritualmente, todo lo que tenemos es por gracia de Dios, y el poder tener el tiempo y recursos para poder viajar es una muestra de la provisión divina de la cual Dios nos permite gozar. Por lo tanto, disfruta cada momento de tu viaje responsablemente, y no menosprecies, abuses, ni des por sentado la gracia que te ha permitido llegar donde estás.


Al final del día, la descisión es tuya (en su mayoría). Pero recuerda, ninguno de nosotros es esta completamente desconectado de los demás. Lo que decides hacer o decir si puede tener repercusiones en otros, tanto directa como indirectamente. Por lo tanto, sobre todas las cosas, decidas lo que decidas, que sea esa decisión tomada con amor.

Comments

Popular posts from this blog

The Secret of Creativity: ABG (Always Be Gathering)

La Pesadilla

ACOTAR: The Return to my Love for Reading